Alabanza del mestizaje

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Hoy América es una realidad mestiza, producto de los cruces entre la población autóctona y los descubridores, conquistadores, colonizadores –llámeselos como se quiera-  europeos.  Nadie mejor que nosotros, los españoles, producto de otros mestizajes, para asumir lo que la mezcla de sangres tiene de positivo y enriquecedor.

Otoño Cultural Iberoamericano, a punto de finalizar su décima edición, aún no puede presumir de veteranía. Presume, en cambio, de ser una convocatoria muy dilatada en el tiempo, que desde la estación otoñal se extiende a otros meses del año, y la más diversificada entre las que se celebran sobre temas iberoamericanos. La diversidad es un valor en alza al que nuestra sociedad es sensible. Así, por ejemplo, la biodiversidad aparece en la naturaleza como garantía de un futuro sostenible y en los estudios de Botánica nos enseñaron que el “vigor híbrido” mejoraba la calidad de las razas puras. Por otra parte, el mestizaje de culturas permite la destilación de lo mejor de cada una para alcanzar nuevas metas en la creación artística. El OCIb, por su parte, cultiva la diversidad sembrando el calendario otoñal de literatura, artes plásticas y visuales, música y danza, cine y teatro, tradiciones, eventos académicos, gastronomía,…

A lo largo de la historia, Iberia constituye un evento destacado de entrecruzamiento de civilizaciones procedentes del Norte europeo, del Sur africano y del Oriente. Quedaba libre el flanco occidental, abierto a la inmensidad del océano, y hacia allá se proyectaron españoles y portugueses, como avanzada de otros muchos europeos, para encontrarse con gentes de otros pueblos y emprender con ellas un proceso de siglos, colmando de episodios gloriosos y trágicos, venturosos y dolorosos, en los que el mestizaje humano, la fusión cultural, el sincretismo religioso, señalan un atendencia constante. La conexión entre Europa y América, con la bisagra de los lugares de Huelva que jugaron un papel determinante en el camino iniciado medio milenio atrás, es una idea fuerza que hace sentir a muchos que Iberoamérica es nuestra patria común supranacional.

Hoy América es una realidad mestiza, producto de los cruces entre la población autóctona y los descubridores, conquistadores, colonizadores –llámeselos como se quiera-  europeos.  Nadie mejor que nosotros, producto de otros mestizajes, para asumir lo que la mezcla de sangres tiene de positivo y enriquecedor. Y nada más lejos de nuestra idiosincrasia que los credos elitistas que pretenden que algunos rincones de nuestro país queden reservados a clanes dominantes, pretendidamente superiores, de forma más o menos camufladas con una terminología plagada de hechos diferenciales e historias contaminadas de mitos. 

Jaime de Vicente Núñez / jaimedevicentenunez@gmail.com

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